Inequidad pensional

En el plan de desarrollo se contempla una gran diversidad de subsidios a los grupos de menores ingresos. El procedimiento no es nuevo y poco efectivo.  El 40% más pobre obtiene únicamente el 15% de los recursos tributarios. Sin embargo, no se actúa sobre lo grande que se encuentra en el sistema pensional.  Como se ha visto en diferentes oportunidades, los subsidios del sistema se salen de toda sindéresis.

El sistema privado ha venido declinando por el lento ingreso de los afiliados y la baja de la tasa de interés. Hoy en día las AFP reconocen rendimientos de 2 % y tasas de reemplazo de 30 %, que les significa a los pensionados una reducción apreciable del nivel de bienestar.

En contraste, el sistema público en promedio opera con una tasa de reemplazo de 75 %.  Las pensiones más que duplican las cotizaciones ajustadas a la tasa de interés de mercado. La diferencia le genera al presupuesto una cuantiosa erogación. Los beneficios de subsidio recaen en los sectores más pudientes de la población. El 40 % más pobre obtiene únicamente 4 % de la factura pensional, en tanto que el 20 % más rico se lleva el 80 %.

En las formulaciones iniciales de la ley 100 y en las reglamentaciones de los gobiernos se consideraba que la tasa de reemplazo sería similar en los dos sistemas. La modalidad privada acabaría absorbiendo el sistema. No ocurrió así porque el retorno del sistema privado resultó muy inferior a las previsiones.  Todo resulto al revés. La tasa de reemplazo del sistema público es mayor que el del privado y la diferencia tiende a aumentar con el tiempo.

Lo que ha ocurrido con el sistema de pensiones desde el principio es que nunca se entendió cómo funcionaba. Se incurrió al espejismo de las pirámides. Se creyó que los altos ingresos generados por la entrada de nuevos afiliados y las desbordadas tasas de interés de la economía se mantendrían indefinidamente. Por lo demás, los rendimientos de las AFP no guardan relación con las enormes ganancias del sector financiero.

Lo grave es que la baja tasa de reemplazo acelera la preferencia de los afiliados por Colpensiones y reduce los rendimientos. De mantenerse la tendencia, en los fondos privados sólo permanecerán aquellas personas que no cumplen con el período de cotización exigido por Colpensiones y los desinformados.

La reforma pensional se justifica como una forma de reducir las enormes inequidades del sistema. Sin embargo, los esfuerzos en la práctica de los gobiernos y las comisiones de estudio es salvar el sistema de capitalización y mantener los fondos privados. Así, la propuesta de Comisión Pensional designada por la administración anterior gira en torno a limitar el acceso al sistema de prima media y elevar las cotizaciones. La fórmula no afectaría mayormente las inequidades y no resolvería las inconsistencias; tan solo conseguiría posponer la crisis.

Lo que se plantea, más bien, es reducir la tasa de reemplazo del sistema público de prima media y en mayor grado para los sectores de altos ingresos. La fórmula reduciría en forma notable tanto las desigualdades como las erogaciones fiscales. Y si a ello se agrega una severa regulación y vigilancia de las AFP en particular con respecto a los rendimientos, se aseguraría la unidad del sistema en favor del interés social.

El sistema pensional, que se concibió como un medio de estímulo al ahorro y de mejoría del bienestar individual, se convirtió en una fuente de inequidad. El subsidio creciente con el ingreso quiebra la progresividad fiscal. Los $40 billones del presupuesto destinado a las pensiones nulifican los beneficios distributivos de la ampliación del gasto en salud y educación contemplado en el estado social de derecho.  Por eso, en Colombia el coeficiente de Gini es similar antes y después de impuestos.