La honestidad de Messi resalta las malas artes de Suárez

El partido de octavos de final entre el FC Barcelona y el Olympique de Lyon en la Champions League andaba con un 0-0 inapelable cuando una acción de Denayer sobre Luis Suárez fue pitada como penalti. Lionel Messi, como no, hizo el 1-0 al estilo Panenka desde los 12 pasos, y a partir de ahí el equipo de Ernesto Valverde encarriló el pase a cuartos de final de la competición que más le interesa a los blaugrana con una goleada por 5-1.

Lo curioso es que el VAR no pudo entrar de oficio en la jugada porque, justamente, la tecnología en ese momento fallo. La UEFA todavía no ha explicado exactamente cuál fue el fallo, pero parece raro que justo en ese momento ocurriera un fallo tan inoportuno.

Esto significó que una vez más a Luis Suárez se le otorgaba una pena máxima que no era. No es la primera vez que ocurre ni será la última. Lo que se suele denominar pillería, calle, el otro fútbol, es algo que el uruguayo maneja a la perfección. En la Supercopa de la temporada pasada, sin ir más lejos, el 9 culé sufrió un ataque de epilepsia al encarar a Keylor Navas en el área pequeña del Real Madrid, que puso empató el partido momentáneamente. Eran tiempos pre-VAR, pero las malas artes de Suárez volvieron a brillar y a ayudar a su equipo.

Habrá quien le ría las gracias, cómo cuando se le encumbró como un héroe en el Mundial de 2010 al parar un balón con la mano sobre la línea de gol de Uruguay en cuartos de final ante Ghana, en el último minuto de la prórroga. A pesar de que fingió que el balón le había dado en el ojo, el árbitro pitó penalti y expulsó al delantero. Asamoah Gyan lo falló y Uruguay ganó en los penaltis el pase a semis. Suárez se convirtió en el jugador del momento, por ser “el más listo de la clase”.

Este tipo de conducta han caracterizado la carrera del uruguayo, y esto que no vamos a entrar en sus episodios de violencia absurda (todo recordamos su mordisco a Chiellini en 2014, por el cual tuvo que pagar una dura sanción) o las veces que ha fingido también una agresión en su contra y así hacer equivocar al árbitro.

Su modus operandi es tan evidente que incluso cuando intenta ser honesto acaba pillándose los dedos.

Tras el partido ante el Olympique de Lyon, cuando todo el mundo menos los técnicos del VAR y el árbitro del encuentro sabía que el penalti no había sido tal, el uruguayo –que en realidad había pisado al defensa del conjunto francés– explicó: “Bueno, sí. Yo creo que le piso, pero es ahí cuando él me desestabiliza…” El comentario delata a un jugador que tiene muchísimos grandes atributos como finalizador, pero que a veces se pierde en este tipo de tretas que no benefician para nada su imagen.

Como contra punto, su gran amigo Leo Messi tuvo un gesto espectacular en el partido de su equipo contra el Rayo Vallecano el fin de semana pasado. En una jugada que el argentino encaró hacia el área de su rival, tras varios recortes, hubo un choque dentro del área con un defensa y Messi acabó en el suelo. El árbitro no pitó nada pero señaló que iba a pedir su opinión al VAR tocándose el auricular.

En ese momento, Messi le dijo con un gesto que no había sido penalti, a lo que el árbitro le lanzó un pulgar en alto y pidió que continuara el juego.

El argentino se llevó los halagos de todo el mundo, pues aunque el partido estaba siendo muy disputado, tuvo la decencia y honestidad de ayudar al árbitro en lugar de hacerle caer en el engaño. Una actitud loable y que, si todos adoptaran, acabaría con muchos de los problemas que suelen ocurrir sobre un campo de fútbol.

Messi se mostró como todo un ejemplo de deportividad. Un tipo que quiere ganar siempre, por supuesto, pero al que no le sirve ganar como sea. Y es que los verdaderos ganadores no disfrutan con las trampas, pues se le puede llamar pillería, calle, “el otro fútbol” pero en realidad esas acciones que hemos criticado a Luis Suárez no son más que trampas al fin y al cabo.

El uruguayo podría aprender muchísimo de su amigo.

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