Fúster, el Gaudí cubano que transforma una ciudad

Imagen de una parte de la casa del artista cubano José Fúster, en Jaimanitas. Cortesía

“Gaudí es un genio y le tocó ese pedazo de España, de hacer su arte, y a mí me ha tocado este pedacito de aquí de Cuba”, responde el artista plástico (Villa Clara, Cuba, 1946), cuando se le compara con el célebre arquitecto modernista catalán al que lleva un siglo (1852-1926).

Ubicado en el extremo oeste de La Habana, el barrio de Jaimanitas se va convirtiendo poco a poco en Fústerlandia, nombre que le asignó años atrás un periodista estadounidense y que hoy le da reconocimiento internacional. En este proceso iniciado en 1994, las otrora anodinas casas bajas son coloreadas con fragmentos de azulejos y decoradas con esculturas, mientras las entradas exhiben frases poéticas o los nombres de sus propietarios, endulzados por Fúster.

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Todo comenzó, relata a Efe el artista, hace aproximadamente 25 años: “todo me iba quedando pequeño y entonces empecé a usar las casas de los vecinos para desarrollar mi idea plástica”.

“Una vecina se me acercó y me dijo, qué linda tu casa. Yo soy pobre pero me gustaría que en mi casa hubiera un texto que pusiera Doña Iris, y en la entrada de su casa le puse doña Iris”, recuerda.

Al de doña Iris siguieron los rótulos de otras dos vecinas: Princesa Diana y María Bonita, “y así empezamos a crecer a petición de la gente, y empezamos a hacer casas de acuerdo a lo que la gente quería, así hasta el día de hoy”, relata.

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Fústerlandia, cuyas calles recorren a diario cientos de turistas, tiene su templo principal en la casa del patriarca, un edificio de cuatro plantas plagado de todo tipo de murales y esculturas, desde vírgenes hasta banderas de Cuba, palmeras, animales y figuras humanas como el hombre de rostro picassiano que abierto de brazos corona la azotea.

De Picasso asegura el artista cubano que marcó su vida, al igual que Gaudí, aunque su principal referente es el escultor, pintor y fotógrafo rumano Constantin Brancusi (1876-1957), autor de la Puerta del beso, obra que inspiró la entrada del templo de Jaimanitas.

Del acceso principal a su mansión, Fúster asegura que también está inspirada en José Martí, de ahí la frase “Amor con amor se paga” escrita en el banco junto al acceso. “Creo que ese es el lugar que más me gusta. Vengo de noche y no hay nadie y me siento en ese banco a hablar con los vecinos”, confiesa.

Mientras sigue ampliando Fústerlandia con nuevos mosaicos en viviendas y muros, el artista sueña con “hacer aquí un anfiteatro del pueblo”, una suerte de estadio de usos múltiples, y asegura que “ya tiene la entrada y el nombre, se llama Alegría de vivir”.

La presencia en los mosaicos de Fidel Castro, el Ché Guevara y otros los líderes de la Revolución Cubana, así como el expresidente venezolano Hugo Chávez, obliga a preguntarle por la influencia de la política en su obra.

“No pertenezco aquí en Cuba a ninguna organización política ni al partido. Tampoco a la izquierda, ni a la derecha, ni al centro ni aquí ni allá, ni soy ecologista ni religioso, Soy un cubano de a pie. Pero los momentos históricos a mí me gusta reflejarlos”, sentencia.

A sus 72 años, Fúster confía en que sus descendientes mantengan y amplíen su legado, en concreto su nieto Íker Fúster, al que pusieron este nombre compuesto en honor al portero de fútbol Íker Casillas y al segundo apellido de su abuelo.

“Él muestra interés por el arte, tiene seis años. Yo pienso que dentro de 10 o 15 ya va a ser un jovencito, posiblemente pintor, y yo estaré ya por los 90, y viviré en él, y él se ocupará un poco de esto”, vaticina.

Al septuagenario, que se encuentra pleno de salud y confía en vivir muchos años más, le preocupa mucho más su legado que el lugar que le conceda en el futuro la historia del arte. “Si en el futuro me reconocen o dicen que soy un impostor es un problema de ellos”, sentencia.