SOS planeta

A principios de octubre del pasado año, el informe especial emitido por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) develó que el planeta ya está sufriendo las consecuencias del calentamiento global de 1 oc. Las condiciones meteorológicas son más extremas, ha aumentado el nivel del mar y se han reducido los casquetes glaciares del Ártico, entre otros cambios.
Justo así se expresa el Artículo 2, inciso a, del Acuerdo de París en el 2015: «Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de
2 oc con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 oc con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático».
Sin embargo, tres años después la tendencia es exactamente la contraria: la temperatura ya aumentó 1oc respecto a la era preindustrial y las emisiones de gases de efecto invernadero se dispararon un 2,7 % en 2018, según el ipcc, el cual advierte que el mundo solo puede permitirse un aumento global de 1,5 oc hasta fines de siglo.
Mientras esto ocurre y nos levantamos con noticias como las del pasado 11 de enero, de que el Polo Norte se aleja de Canadá a 55 kilómetros por año, parece no advertirse la magnitud del problema. Hasta la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático, bajo la sombrilla de la onu, tuvo que replantearse su sede para este 2019, tras la negativa de Brasil de organizarla, teniendo esa inmensa geografía una buena porción de uno de los pulmones del planeta gravemente amenazado por la deforestación, la Amazonía.

A MÁS RESPONSABILIDAD MÁS COMPROMISO
Ante el cambio climático a las naciones que más emiten gases de efecto invernadero, incrementando su responsabilidad con la erosión de la Madre Tierra, debería exigírseles más en cuanto a su compromiso en aras de contribuir a frenar ese deterioro.
Son los países más industrializados, los más desarrollados, los que más emiten y los que más se benefician financieramente del deterioro al planeta. Es esa pequeña parte del mundo la que más ha de contribuir con sus recursos a detener el daño universal. Como si fuera hoy retumban en todos los confines las palabras de Fidel Castro Ruz en la Conferencia de Naciones Unidas sobre medioambiente y desarrollo, el 12 de junio de 1992:
«Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medioambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con solo el 20 % de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer».
Pero al parecer al herido planeta azul, los ricos, los que lo agreden, ni lo miran ni lo escuchan. Jennifer Morgan, de la organización Greenpeace International, denunció que hay «una falta de respuesta sorprendente al informe del ipcc. Los países no pueden reunirse para decir que no pueden hacer nada más». La pasada Conferencia de las Partes (cop24), celebrada en Katowice, Polonia, incluyó la transparencia como clave al permitir que los países puedan controlar que el resto cumple con lo que le toca en la reducción de emisiones y en sus documentos se habla de algunas flexibilidades a los países en desarrollo.
¿Y qué pasó en la bella ciudad polaca? Todavía esas naciones están esperando que se concrete cómo las ricas cumplirán su promesa de apoyarlas con
100 000 millones de dólares anuales, solo a partir del 2020. Fijémonos en la cifra, porque ella es solo el 16,2 % del presupuesto militar de Estados Unidos para 2019, según la propuesta del pasado año que lo fijó en 616 000 millones de dólares, de acuerdo con el proyecto para el Año Fiscal 2018, bajo la denominación de Una Nueva Fundación para la Grandeza Americana, citado por el MsC. Enrique Martínez Díaz, en la página del Centro de Investigaciones de Política Internacional (cipi).
Tampoco la cop24 alcanzó un compromiso de elevar las metas nacionales de reducción de gases de efecto invernadero como se decía en París 2015.

EL CAMBIO CLIMÁTICO, COMO LA SOGA, ROMPE POR EL LADO MÁS DÉBIL
Apenas comenzaba el año y nuestro colega Elson Concepción Pérez nos advertía en estas mismas páginas: «El primer país del mundo en llegar al 2019 fue Kiribati, en el Pacífico Central, territorio compuesto por 33 atolones de coral a lo largo de la línea del Ecuador y cuyos 110 000 habitantes corren el peligro real de ser los primeros en desaparecer debido a la elevación de los mares, producida por los efectos del cambio climático».
Una investigación de 2018 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente observó que el retroceso de la línea costera en el Caribe variaba entre 0,27 y 2,5 metros por año, debido al ascenso del nivel del mar como consecuencia de los efectos del cambio climático.
Hasta el propio Fondo Monetario Internacional ha reconocido «que los países pobres serán incapaces de enfrentar por sí solos los efectos económicos del calentamiento global sin un esfuerzo mundial de las economías desarrolladas».
El 5 de julio de 2018, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ilustraba, en la 39 Reunión Regular de la Conferencia de la Junta de Gobernadores de Caricom, en Jamaica, al Caribe como «mar que compartimos como cuna y hogar desafiante, donde contamos las horas con más prisa, por la pasión que nos viene de su calor y su fuerza que pare huracanes, cada vez más frecuentes y destructivos y también por la elevación del nivel del mar, como consecuencia del cambio climático, que ni siquiera provocamos nosotros».
Y en consecuencia apuntaba: «Nos urge encontrar respuestas mancomunadas para enfrentarlos y reclamar un trato justo, especial y diferenciado». En gesto solidario brindó la experiencia de Cuba, que cuenta con un Plan de Estado para ese enfrentamiento, llamado Tarea Vida, al acotar que «mantenemos la voluntad de intercambiar experiencias y buenas prácticas en la gestión integral de riesgos de desastres y el enfrentamiento a los efectos del cambio climático y de explorar otras esferas de interés común».
Hace solo dos días, la afp daba cuenta de un estudio publicado en la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences, que demostró que el calentamiento global está provocando que el hielo de la Antártida se derrita más rápido que nunca y provoque un mayor nivel de los océanos en todo el mundo. Salvar al planeta es salvar a la humanidad. Es otra alerta para que las poderosas economías actúen y no hagan como la más grande del mundo, que se retira del Acuerdo de París y arrastra tras de sí a la octava, Brasil, con toda su Amazonía a cuestas.

Países mayores emisores de CO2 per cápita
Catar
Curazao
Letonia
Bahréin
Emiratos Árabes Unidos
Trinidad y Tobago
Malasia
Arabia Saudita
Guatemala
Estados Unidos

Países con más zonas protegidas
Venezuela (53,9 % de la superficie total)
Eslovenia (53,6 %)
Mónaco (53,4 %)
Liechtenstein (44,3 %)
Brunei (44,1 %)
Seychelles (42,1 %)
Hong Kong (41,8 %)
Groenlandia (41,2 %)

Principales daños al medioambiente
Los bosques desaparecen: deforestación.
La sequía y la escasez de agua.
La generación de más residuos cada día.
Contaminación del aire que respiras.
Cambio climático: huracanes, deshielo.
Contaminación del mar.
Peligro de extinción de especies.
Degradación del suelo.
Consumo cada vez más elevado de energía a nivel mundial.
Introducción de seres vivos desde fuera de su área de distribución natural.