¿Cuál es el futuro del cártel de Sinaloa tras el veredicto contra El Chapo?

A pesar de la captura de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, de su extradición, de su juicio y de haber sido declarado culpable este lunes por un jurado popular de los diez cargos que le imputaba la justicia estadounidense, entre otros, liderar una organización que trafica con drogas a escala industrial, el negocio del cártel de Sinaloa mantiene su ritmo. La prueba son los grandes envíos de droga detectados en las últimas semanas en zonas fronterizas controladas por este grupo. 

Bolsas de fentanilo, tubos de plástico llenos de cristal, heroína, cocaína… El líder está fuera de juego pero no hay indicios de que el cártel esté más debilitado ni de que haya perdido influencia en su territorio, el noreste de México, o que se haya visto limitado su alcance internacional. “Todavía es una fuerza muy importante en el submundo criminal de México”, considera Alejandro Hope, analista en temas de seguridad. 

El cártel, una enorme red internacional de contactos, controla un engranaje que puede mover cocaína colombiana a Camerún o metanfetaminas ‘cocinadas’ en México a Malasia. También controla puertos marítimos a donde le llegan drogas y productos químicos, laboratorios clandestinos y químicos para procesarlos; policías a sueldo que permiten que la droga llegue hasta la frontera y luego cruce a través de túneles, y paga a “mulas” para transportar los envíos en autos y camiones ignorados por las aduanas.

Además hay un ejército de sicarios, extorsionadores, secuestradores, prestanombres que lavan dinero además de muchos y serviles contactos políticos. No faltan, por supuesto, artistas, arquitectos, joyeros e incluso grupos de música, que proporcionan entretenimiento y lavado de dinero. 

Quizás lo más importantes es que el cártel de Sinaloa continúa operando en Estados a través de un enorme sistema de distribución que garantiza que la droga llegue al traficante local y, de ahí, a la mano del consumidor. 

“Todas nuestras 23 divisiones cuentan con una investigación abierta, al menos en el ámbito local, ligada al cártel de Sinaloa”, asegura Will Glaspy, agente de la agencia antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), que ha tenido puestos en distintos puntos de la frontera y actualmente es el encargado de la división en Houston, Texas. “Así de poderosa es su red de distribución en Estados Unidos”. 

Mientras tanto, donde comenzó todo, en las montañas del estado de Sinaloa, tampoco parece haber grandes cambios. Ismael ‘El Mayo’ Zambada, cofundador de la organización criminal hace tres décadas, supervisa el negocio amparado por el respeto de narcotraficantes de menor nivel y peor prestigio. “Es el principal jugador del cártel porque estuvo junto a ‘El Chapo’ durante años”, comenta Glaspy. 

Con la tercera y última detención de ‘El Chapo’ en 2016, hubo una lucha por el control del grupo que fue desactivada con el encarcelamiento de Dámaso López Núñez y su hijo, Dámaso López Serrano. El primero fue capturado por México y el segundo se entregó voluntariamente a las autoridades estadounidenses. Hoy parece que la riendas las tiene ‘El Mayo’ y los hijos de Guzmán, Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán, conocidos como ‘Los Chapitos’. 

Ismael Bojórquez, director de Ríodoce, semanario especializado en la cobertura del narcotráfico en Culiacán, la capital de Sinaloa, afirma que ‘Los Chapitos’ “controlan el narcomenudeo y la parte de la defensa, las armas” mientras que ‘El Mayo’ “se encarga de los grandes negocios”. 

Joaquín Guzmán Loera, que pasó de ser un campesino semianalfabeto a estar en la lista de “Forbes” de los hombres más ricos y poderosos del planeta, se convirtió casi en una leyenda después de las dos espectaculares fugas de cárceles de alta seguridad. Zambada, sin embargo, con 70 años cumplidos, es un capo discreto que se considera que pone los negocios por encima de las armas, lo que le ha dado fama de negociador. 

Nunca ha sido detenido y se mantiene escondido en las montañas que se extienden entre Sinaloa, Durango y el sur de Chihuahua, en el llamado “Triángulo Dorado”. “Si el Chapo Guzmán hubiera hecho como ‘El Mayo’ Zambada y no hubiera bajado de las montañas, quizás todavía sería un hombre libre”, dice Mike Vigil, exjefe de operaciones internacionales de la DEA. “Su obsesión por las mujeres fue su derrota”. 

Mientras tanto, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, que asumió el cargo el pasado 1 de diciembre, parece distanciarse de la estrategia de gobiernos anteriores, basada en la guerra frontal contra el crimen organizado y la detención de altos narcotraficantes. “La función principal del gobierno es garantizar la seguridad pública, ya no es la estrategia de los operativos para detener a capos. Lo que buscamos es que haya seguridad, que podamos disminuir el número de homicidios diarios”, dijo. “No hay guerra, oficialmente ya no hay guerra”. 

Con Guzmán fuera de juego, la organización criminal ha continuado desarrollando, por ejemplo, el lucrativo negocio del fentanilo, la droga sintética que puede ser comprada en China por 9.000 dólares el kilo, cortada al 1% de pureza, convertida en pastillas y vendida en Estados Unidos a precios que suponen un negocio redondo. 

Por otro lado está Jalisco Nueva Generación, la organización criminal mexicana más pujante que se intenta apoderar de territorios controlados por Sinaloa y está provocando sangrientas batallas en lugares como Tijuana. No obstante, expertos apuntan que Sinaloa sabe blindarse ante sus rivales y mientras, “la droga sigue fluyendo y los negocios también”.