'Antes de tener buena ciencia hay que tener una buena educación'

El presidente Duque ha conformado “una nueva Misión de Sabios que tiene como objetivo examinar lo que hemos sido, lo que somos y lo que tenemos que ser en materia de ciencia”. Una pregunta obligada ante este anuncio es ¿y qué lugar tendrá  la educación en esta empresa?

Uno de los integrantes de la Misión, el científico francés y premio Nobel de Física (2012),  Serge Haroche, ha dado una respuesta contundente, orientadora y elemental: “Antes de tener buena ciencia hay que tener una buena educación”.

Algo que saben los científicos y que hace 25 años trataron de hacerle entender al país y a los gobernantes los sabios colombianos  que conformaron la Primera Misión en 1994, llamada entonces Misión de Educación, Ciencia y Desarrollo, que en sus conclusiones señalaron con toda claridad: “Urge preparar la próxima generación de colombianos con una óptima educación y con bases sólidas en ciencia y tecnología, en un proceso inicial de veinticinco años. Dicho lapso es el mismo requerido para implementar un programa pertinente para el fomento de la investigación en ciencia y tecnología para el desarrollo de Colombia”.

La pertinente precisión del científico francés llama la atención sobre la transcendencia e importancia que tiene la educación en la transformación científica de un país. No basta que la educación cumpla una función social de equidad, que sea gratuita, que garantice un cupo a todos los niños y jóvenes. Si la educación que se ofrece, especialmente en la educación pública, no es pertinente, científica y humanística, de calidad, estamos condenados al fracaso en el campo de la ciencia, seguiremos en el atraso como simples consumidores de tecnologías elaboradas por otros. La ciencia seguirá siendo una labor quijotesca, aislada, marginal, que poco importa, como se lo recordó al anterior gobierno el profesor Haroche, quien en una  misiva, suscrita con otros académicos, le manifestó al presidente Santos su decepción porque el Gobierno se empeñaba en  reducir el porcentaje del PIB para la ciencia, que entonces se encontraba en el 0,2 por ciento.

En la Primera Misión de Sabios estuvieron Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinás, Marco Palacios, entre otros insignes integrantes

A diferencia de la Primera Misión de Sabios, que contó con insignes integrantes  como Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinás, Marco Palacios, Manuel Elkin Patarroyo, Ángela Restrepo, entre otros y fue coordinada por un educador, el matemático  e investigador Carlos Eduardo Vasco, en esta Segunda Misión no aparece explícitamente la educación dentro de sus grandes temas. No se le nombra con todas sus letras e importancia. No figura entre sus grandes propósitos. Se asume como un supuesto.

Los sabios escogidos para la nueva misión trabajarán en ocho ejes temáticos: ciencias sociales, desarrollo humano y equidad; ciencias de la vida y la salud; biotecnología, bioeconomía y medio ambiente; océano y recursos hidrobiológicos; ciencias básicas y del espacio; energía sostenible; tecnologías convergentes (Nano, Bio, Info y Cogno-Industrias 4.0) e Industrias creativas y culturales. La educación como asunto específico no figura en el listado de temas, queda refundida, por no decir excluida.

La comisión está integrada por 28 hombres y 15 mujeres, colombianos y extranjeros. Entre los nombres reconocidos está Rodolfo Llinás, Moisés Wasserman, Jorge Reynolds, Silvia Restrepo, Mabel Torres, Eduardo Posada y el premio Nobel de Física Serge Haroche, todos ellos con una meritoria hoja de vida y estudios e investigaciones de altísima calidad.

Las recomendaciones de la primera Misión quedaron consignadas en el documento Colombia al filo dela oportunidad, sin duda un agudo análisis de nuestra carencias, de nuestras miserias en materia educativa de entonces, de los grandes escollos que había que superar y que hoy siguen teniendo plena actualidad. Estábamos al borde del abismo. Las recomendaciones buscaban una oportunidad para la educación y su papel transformador, había que actuar pronta y diligentemente. La educación era el camino recomendado para construir un verdadero país, el desarrollo y la ciencia vendrían de su mano.

Para desfortuna del país, los 8 tomos que conformaron la totalidad del informe, y en especial el libro que contiene las recomendaciones, quedaron en el olvido, en los anaqueles de los Ministros de Educación y sus asesores. Cada gobierno, cada ministro de Educación “montó su propio cuento”, contrato asesores internacionales del Banco Mundial o de la  OCDE, impuso su propia política encubierta en rimbombantes nombres como la “Revolución Educativa”, “Educación para la Equidad”, “Educación para Todos”, “La Educación eje de la transformación social”. Ninguno atendió las recomendaciones de los sabios colombianos.

Nuestros científicos quedaron convertidos en una suerte de filósofos griegos predicando en la Calle del Bronx. La gran mayoría de las  recomendaciones en favor de la educación para cimentar la paz y el desarrollo social fueron desoídas y en cambio los señores de la guerra metieron al país en una espiral de  violencia degradada, a la cual fuimos arrastrados durante las últimas tres décadas, que era justamente el plazo que se consideraba necesario para implementar las juiciosas y necesarias recomendaciones de García Márquez, Llinás, Patarroyo y sus demás colegas.

Es de esperar que se establezca un estrecho y fecundo diálogo entre científicos y educadores. Quien mejor que los científicos para establecer hacia donde debe apuntar la educación. La educación desgraciadamente ha estado y está hoy en  manos de tecnócratas preocupados más por los indicadores económicos, por hacer más rentable la inversión en educación, por garantizar al menor costo posible una educación pública pobre para pobres. Les preocupa solo la eficiencia en la prestación del “servicio” educativo. No les interesa para nada los procesos y la formación de los niños y jóvenes. Los gobiernos tienen una infinita incapacidad para oír lo necesario, solo escuchan lo  que le conviene a los interés económicos y sociales que representan. Por eso andamos como andamos en educación.

Quieran los dioses del olimpo, de la ciencia y de la educación, si es que estas en Colombia tienen dioses, que la nueva Misión de Sabios señalé un derrotero y un camino para la ciencia y la educación y, especialmente, que sus  resultados y conclusiones  sean tomados en cuenta y en serio. Que no corran la misma suerte que tuvieron los sabios colombianos y sus vigentes recomendaciones de hace 25 años: ser condenados al olvido, al desconocimiento, al desdén y desprecio de los que gobiernan, al proverbial importaculismo tan colombiano. En palabras condenadas al olvido de García Márquez:

“Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma (…) Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños”.

La educación como asunto específico no figura en el listado de temas en esta Misión, queda refundida, por no decir excluida. Foto: Twitter/Presidencia


Publicidad