Compra de dólares del BCRA: ¿sorpresa o consecuencia?

En el medio, es claro que mucho pasó. El tipo de cambio se depreció más del 100%, y el BCRA vendió divisas al sector privado –estrictamente, entre marzo y septiembre por u$s 16.000 millones-. También la tormenta cambiaria –atribuible a un vademécum de errores internos y escenario externo- licuó pasivos con costo del BCRA (Lebac, y ahora Leliq) de unos u$s 70.000 millones a u$s 20.000 millones.

Pero podemos decir que, ¿ya llegó la calma tras la tormenta? Desde nuestra visión, sí. Esto en un marco en que entendemos que las compras de divisas del BCRA “recién” comienzan, y que reflejan la mayor oferta de dólares privados. No es igual sorpresa. En concreto, es la consecuencia de la política hacia el equilibrio fiscal, aunado al esquema monetario definido desde octubre en pos de la reducción del déficit de cuenta corriente.

¿Por qué? El déficit de cuenta corriente superior a 5% del PBI del 2018 reflejó que Argentina usaba dólares para financiar su exceso de gasto interno. Consecuentemente, reducirlo simplemente significó achicar gasto público y privado, o pasar del desahorro hacia el ahorro público (déficit fiscal cero) y privado (explicado por el aumento de la tenencia de pesos, y menor gasto en dólares).

Este camino se sintetiza con el acuerdo firmado con el FMI que nos dará los dólares públicos “cumpliendo Argentina las metas fiscales”, más un BCRA que definió no emitir nada/poco.

Del lado fiscal, el Gobierno nacional apuntó el 2018 a cerrar sobrecumpliendo la meta de déficit primario, y el 2019 entre el aumento de impuestos (nuevos aranceles, renta financiera y ajustes a mínimos imponibles menores a la inflación), control de gastos (salarios públicos por debajo de inflación) y recorte de inversión a acercarse “claramente” hacia el 0%.

Esto significa que “la disponibilidad de los dólares del FMI para pagar obligaciones financieras tendría alta probabilidad de ocurrencia”.

Del lado del ahorro privado, la fuerte devaluación significó una baja “medida” en dólares de los ingresos privados que llevó a verificar menores erogaciones en bienes transables, que se refleja en el corto plazo en una fuerte caída de las importaciones (la baja de la venta de autos y en viajes y turismo es claro ejemplo). Estos efectos fueron las primeras manifestaciones respecto del ajuste del déficit de cuenta corriente que se plasmó, claramente en los últimos meses, con la aparición del superávit comercial.

Entendemos que esta dinámica se acentuará hacia delante, donde empezará a aparecer la mayor cosecha de la nueva campaña agrícola, sumado a las exportaciones de gas del andar de Vaca Muerta, carnes, y la demanda de Brasil traducida en exportaciones industriales y de las economías regionales, puesto que vis a vis el peso se devaluó 50% respecto del real. Sencillamente, mayor oferta privada de dólares.

Ahora, otra pata del ahorro privado, también se manifiesta en la mayor tenencia de pesos; o visto del otro lado, una fuerte caída en la dolarización privada. Entre 2016 y 2017 se verificó una dolarización privada del orden de u$s 900 millones promedio mensual, que más que se duplicó durante la “tormenta cambiaria” hasta los u$s 1955 millones promedio mensual, bajando a solo u$s 500 millones en el último trimestre del año. ¿Otra sorpresa, o consecuencia?

En este mismo análisis entra la política del BCRA desde octubre. No tenemos dudas que la calma fue acentuada con el “símil Bundesbank” en el que se transformó el BCRA, que en términos “monetarios”, llevó a una escasez de pesos (la base monetaria en términos reales muy baja), elevando las tasas de interés nominales a siderales -y muy fuerte las reales.

Detener la expansión de dinero de forma consistente busca como objetivo esencial bajar en 2019 la tasa de inflación en 20/25 puntos porcentuales (desde el nivel de 48% anual del 2018), y paulatinamente ir tocando a la baja las tasas.

Ahí vienen las “recientes” (y a nuestro entender también iniciales) compras de divisas del BCRA. ¿Qué reflejan estas compras? Sencillamente que la economía quiere más pesos, sea por aplicaciones a tasa de interés pasivas (en términos reales positivas, por primera vez en más de 10 años) o por mayor actividad (efecto que aún no prima). Entonces, aparecen dentro de la oferta no solo los dólares de la exportación, sino también los acumulados en los bolsillos.

¿Esta “situación” llevará a un equilibrio? Desde nuestra posición, si. Esto, en tanto y en cuanto, continúe a rajatabla el ajuste fiscal (el gobierno igual no tiene opción) combinado con un “Bundesbank criollo”, con un objetivo claramente antiinflacionario. Así, las tasas reales positivas vinieron para quedarse, al igual que una mayor oferta de dólares -por lo menos en el año 2019.

(*) Economista Jefe de Portfolio Personal Inversiones (PPI)