Los orangutanes, al igual que los humanos, son capaces de comunicar el pasado

Científicos se llevaron una sorpresa al descubrir que las siete madres orangutanas les narraban a sus hijos lo que había pasado tras sentirse a salvo. Wikimedia – Creative Commons – Bernard Dupont

Gran parte de las conversaciones humanas se refieren a situaciones del pasado o del futuro. Esa habilidad, tan común para esta especie, es una capacidad exclusiva de los sapiens sobre el resto de mamiferos, se denomina “referencia desplazada”. Los animales solo se comunican haciendo referencia a una situación que está ocurriendo o sobre otro individuo que está junto a ellos. Así se creía hasta este viernes, que un equipo de científicos halló esta misma capacidad en las orangutanas de las selvas de Sumatra, en Indonesia. (Lea: Los orangutanes también usan plantas medicinales para curar el dolor) 

Descubrieron que, minutos después de vivir un susto, le advertían a sus crías sobre el peligro que recien había sucedido. Lo más impresionante es que parece ser que sus crías también son capaces de etenderlo. Ambos descubrimientos aparecieron por casualidad, cuando Josep Call y Adriano Lameira, investigadores de la Universidad de Saint Andrews (Escocia), sometieron a las hembras a altos niveles de estrés al instalar un tigre disfrazado para estudiar sus reacciones. Esperaban que hubiera gritos. 

Lo que pasó fue el silencio. Las siete hembras escogidas lo que hicieron fue quedarse mudas, defecar y orinar como es natural por la tensión, tomar a sus criaturas y asecender por las ramas con sigilo. Después de los dos minutos que estuvo el supuesto tigre (un asistente disfrazado con una manta animal print), las primates empezaron a vocalizar. Era como si le contaran a sus hijos lo que había ocurrido.

Aunque los dos científicos son cautos con los propios resultados, publicados en la revista Science Advances, tienen un par de hechos que sustentan la teoría de que los orangutanes tienen la capacidad intelectual para comunicarse con referencias desplazadas. Según ellos, existe una correlación entre la edad de las crías y el tiempo en que las madres tardaron en explicarles lo ocurrido. “Si la cría no importa, la edad no tendría efecto, pero los avisos llegan mucho antes cuanto más pequeña es”, explicó Call para el País de España. 

El tiempo que tardaban en empezar a vocalizar, como media, fue de siete minutos. Para las crías mayores, sus madres se tomaban hasta 20 minutos para emitir una especie de chasquidos, mientras que para las más pequeñas, el lapso era casi inmediato. Esto, consideran los autores, sería la prueba de que todas se referían al tigre que había acabado de irse. Esa referencia, conseguida en laboratorios y en chimpancés educados en cautividad, es toda una novedad en un ambiente natural como es la región de Ketambe, declarado parque natural.