La llegada de Vox y un "efecto Bolsonaro" en España

Dos meses atrás la inesperada y contundente victoria en primera vuelta de Jair Bolsonaro en Brasil, que luego se convertiría en presidente, prendió todas las alarmas y desconcertó a quienes no creían que un político con su perfil pudiera captar millones y millones de votos.

Con un discurso ultraderechista, homófobo, machista, defensor del porte de armas y reivindicador de la dictadura militar, Bolsonaro conquistó a la mayoría de los brasileños con sus promesas de frenar la corrupción y la delincuencia.

Y una de las principales teorías que en aquel entonces los politólogos a nivel internacional manejaban para explicar su victoria era que los brasileños estaban hartos de la corrupción del Partido de los Trabajadores (PT), y de los expresidentes izquierdistas Luiz Inácio Lula da Silva y de Dilma Rousseff.

El retorno de partidos políticos de derecha en América Latina después de varios años de gobiernos de izquierda es una realidad y en cada país tiene sus explicaciones y circunstancias, pero el caso de Andalucía, donde el partido ultraderechista Vox irrumpió en el Parlamento con 12 diputados después de las elecciones regionales tiene muchas similitudes con la situación en Brasil.

Casi igual

Brasil venía de tres gobiernos consecutivos del PT (Lula dos veces y una Rousseff). En Andalucía la izquierda gobernaba desde hace 36 años.

Según explicó a EFE la experta en comunicación política María José Canel, la corrupción, la ineficacia y mala gestión pública, además de la relación del partido socialista con el independentismo catalán son los factores que llevaron al crecimiento y la irrupción de Vox en el sistema político español.

Según la analista política, el ascenso de Vox no solo se explica por el descenso del Partido Popular (PP, centroderecha), que perdió 7 diputados con respecto a las elecciones de 2015, sino que la formación presidida por Santiago Abascal, precisamente exmilitante del PP, tomó también votos de la izquierda y la extrema izquierda de Podemos.

Este cambio extremo se explica porque en España “hace tiempo que no se vota por tradición, si no por quién va a resolver mejor mis intereses. En 2011 uno de cada cuatro votantes cambiaron de voto y esto sigue siendo así”, advirtió Canel.

Enfados silenciosos

Entre las medidas que conforman el ideario de Vox está la supresión del Estado autonómico, la derogación de las leyes contra la violencia de género, de memoria histórica, y la ley del aborto y la deportación de inmigrantes legales que cometan un delito. El grupo se presenta en su página web como “un partido político creado para la renovación y el fortalecimiento de la vida democrática española”. 

Una de las conclusiones a las que llega la experta es que Vox es un movimiento silencioso, “como todos los populismos”. “Avanzan como enfados sordos en la población. Son enfados silenciosos, lentos pero seguros, y el resultado es más contundente”. Y además Canel considera que el caso de Andalucía puede proyectarse a nivel nacional.

En el caso puntual español la llegada de Vox tendrá también otras aristas, con el debate sobre Cataluña en el medio. “Vox va a servir como coartada para el independentismo catalán que metará miedo sobre la llegada de la extrema derecha, pero también para el Partido Socialista (a nivel regional y nacional) y a la extrema izquierda (Podemos) que lo situarán como el objetivo a frenar”, señaló Canel.

Las posibilidades

Para que este partido de ultraderecha tenga real influencia deberá pactar con el PP y Ciudadanos para lograr la mayoría parlamentaria y formar el nuevo gobierno andaluz. En ese caso serían 55 diputados de 109. Sin embargo esa alianza no es segura.

En declaraciones a EFE, el exprimer ministro francés Manuel Valls, candidato a la alcaldía de la ciudad de Barcelona de la mano de Ciudadanos, pidió “prudencia, moderación y sentido común” y apostó por “pactos inteligentes”.

Con la aparición de Vox en el panorama político España se suma al grupo de países en los que ha prosperado el discurso de la ultraderecha, aunque, según Canel, “al día de hoy no se puede comparar con (Donald) Trump o Le Pen”.

“Se asemejan en que todos están a la derecha de la derecha y que en su discurso está el combate a la corrupción y la defensa del estado nacional, o la inmigración, pero a día de hoy no se puede decir que sean equivalentes”, concluyó.