Diego Rivera, fundamental en la historia de México

Hoy, hace 132 años, nació una de las figuras más emblemáticas para la cultura mexicana: Diego Rivera, un artista que ha dejado su legado no sólo para la pintura mexicana, sino que ha trascendido mundialmente.

El 8 de diciembre de 1886 nació Rivera en Guanajuato, en la calle de Positos, donde vivió los primeros seis años de su vida, y falleció el 24 de noviembre de 1957 a los 71 años. Se formó en el Colegio de San Carlos y obtuvo una beca de estudios por cuatro años que le permitió viajar a países europeos como España, Francia, Bélgica, Alemania, Italia y Holanda.

Durante su estadía en Europa, el pintor aprendió a desarrollar las manifestaciones artísticas de más influencia en siglo XX, como el postimpresionismo y el cubismo, al que se acercó entre 1913 y 1917 cuando se estableció en París.

Regreso a México

En su regreso a México a mediados de 1921, el entonces secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, lo invitó a pintar un mural en la antigua Escuela Nacional Preparatoria, actual Museo de San Ildefonso, con el que inició el movimiento artístico del muralismo. Junto con David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, se convirtieron en los principales propulsores de este movimiento en México.

Según escribiría Armando Olivares en su libro Diego de Guanajuato, Diego había sido es el único artista que en las entonces relaciones entre arquitectura y pintura habría logrado enlazar dos expresiones estéticas manteniendo sus esencias primordiales: “Diego ha logrado levantar su construcción pictórica sin que los muros que la sustentan pierdan la apariencia de solidez que por la función arquitectónica les corresponde”.

Cuando Diego regresar de Europa, busca entender el sentido de la vida de México, es por ello que dejó plasmada en su arte una preocupación por su país; fue protagonista del proceso artístico que se desarrolló en México después del triunfo revolucionario, y toma el indigenismo como fundamento de la nación.

Asegura Olivares en el mismo texto, hizo lo que ningún pintor del mundo había intentado: “narrar integralmente la historia de su pueblo, y esto es una proeza de esplendorosa raíz guanajuatense”.

Por ello mismo, la popularidad del artista radicaría no en los antecedentes de la pintura virreinal eclesiástica, ni en la pintura académica de San Carlos, sino que surgió rompiendo la medida habitual:

“Ciertas gentes jamás entenderán su retrato de México, en el que se ha dicho que son héroes los campesinos, obreros y soldados, y demonios los burgueses, militares y clérigos, porque esto es revertir la fórmula aprendida en que el arcángel es bellamente rubio y el diablo derribado es pobre diablo color de piel de azteca”.

El trabajo de Rivera destacó internacionalmente durante la década de los años treinta, cuando fue invitado a Estados Unidos, específicamente a las ciudades de San Francisco, Detroit y Nueva York, para realizar obra mural.

En 1931 expuso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y un año después hizo la escenografía para el ballet “Caballos de vapor”, de Carlos Chávez.

La obra de Rivera se exhibe actualmente en el Grand Palais de París, en el Museo de Arte de Filadelfia y en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles.

El día de ayer fue inaugurada la muestra Orozcom Rivera, Siqueiros en el Museo de Arte “Carrillo Gil”.