El futbolista que abandonó el deporte para luchar por la vida de su hija

Andrés Felipe González no volvió a patear un balón de fútbol en un estadio con público y ambientado con cánticos de barras bravas. Abandonó su posición de defensa profesional para siempre, pero no porque el desgaste físico de su cuerpo se lo haya pedido, sino porque tenía que decidir entre dos pasiones: el fútbol o el amor a su hija Julieta. Como el fútbol no es lo más importante que existe en la vida, se quitó la camiseta y colgó los guayos antes de que el partido de su carrera acabara.

Él y su esposa Alexa Gómez quisieron que su hijo Juan Diego tuviera “una hermanita”, todo transcurrió con normalidad hasta el día del parto. Ambas se pusieron muy graves. Alexa sufrió un paro cardiorrespiratorio y Julieta nació con parálisis cerebral.

El Junior acababa de perder la final en Medellín ante Nacional, González jugó la siguiente pretemporada mientras Alexa seguía en la clínica. Poco a poco el tiempo en salas de espera empezó a ser más largo que los entrenamientos y los ejercicios.

“Tomamos la decisión de abandonar el fútbol, renuncié a Junior y nos fuimos para Cali”, dijo González.

La llegada fue difícil porque nadie los conocía allá. Como se retiró cuando portaba la camiseta del equipo tiburón, muchos hinchas en Barranquilla los ayudaron. “Dejar el futbol no fue una decisión difícil porque sabíamos lo que se venía y lo que necesitaba Julieta de nosotros”. Andrés Felipe vistió las camisetas del América, Junior, Santa Fe y Colo Colo de Chile.

Una vez nació Julieta, Andrés y Alexa duraron ocho días en los que sentían que los estaban preparando para lo peor.

Un día Julieta empezó a convulsionar cuando estaba con la abuela. “Corrimos a ella. Estaba morada, se inflamó demasiado y salimos a toda con ella para la clínica”. Alexa le hizo respiración boca a boca mientras llegaban, una vez la vio un médico la niña se estabilizó. Julieta no puede estar mucho tiempo sin sus padres.

Alexa estudió repostería durante su embarazo, y luego de que Julieta nació montó su negocio en en el que diseña tortas personalizadas y el total de las ganancias se van para pagar las terapias, y medicinas de su hija. “por eso te digo que uno tiene que estar al lado de ella y por eso nuestro taller queda justo al lado de la casa”.

Uno de los momentos más duros que recuerdan en familia fue durante el mundial 2014, cuando la selección Colombia logró la hazaña de llegar a cuartos de final. Mientras todo el país no pensaba en otra cosa, a Andrés Felipe González le tocó apoyar al equipo de sus amores desde la pantalla de su celular y metido en una unidad de cuidados intensivos, acompañando a su hija porque estaba muy grave para ese entonces.

La EPS les ayuda con algunas terapias, pero Alexa y Andrés siempre sacan de sus bolsillos para que sean más seguidas.

La familia quiso explorar por su propia cuenta qué otras familias pasaban por su misma situación. Alexa se las ingenió para hablar con otras mamás con niños especiales y en un sencillo grupo de whatsapp hablaron de sus particularidades, y sus experiencias. En un intento para que esas mamás no se sintieran tan solas.