Betancur frente a la furia del Ruiz

07/12/20185:07 pm

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Betancur frente a la furia del Ruiz

Armero después de ser cubierta por el deshielo y erupción del volcán Nevado del Ruiz. / Foto archivo

Borrado del mapa y un terreno cubierto por el lodo, así quedó literalmente el 14 de noviembre de 1985 Armero, aquel municipio tolimense que recibió una desbordante mezcla de nieve, lodo, piedras y tierra luego del deshielo y erupción de las más altas cumbres  del volcán Nevado del Ruiz que permanecía inactivo por casi 80 años.

  • El jefe de turno en ese entonces en Colombia, Belisario Betancur, que tan solo ocho días atrás había tenido que enfrentar uno de los episodios más sombríos de la historia reciente del país, la toma y retoma del Palacio de Justicia.

Betancur llegó en helicóptero y observó el desastre natural, esa violencia del volcán que había comenzado a anticipar tres meses atrás en la que pudo evitar la muerte de 22.000 personas.

  • Llegando a la plaza de Mariquita, el Mandatario veía de propia mano lo que minutos  antes ya revelaban cuerpos de rescate y testigos de la región que atónitos y casi sin posibilidad de dibujarlo con palabras, informaban sobre lo sucedido.

“Apoyo de gobiernos vecinos nueva y muy dura prueba para nuestra patria, pero también es una posibilidad para  demostrar el temple, la fe que tenemos los colombianos en nuestro país en nuestra patria  en nosotros mismos es el momento de juntarnos los unos a los otros estamos recibiendo apoyo del mundo entero”.

Aun así y ante las dilaciones de autoridades locales y nacionales, la inminencia de la caída de la mezcla no se pudo detener y Armero ya no era aquel municipio pujante ubicado en la región céntrica del país, sino todo un espacio cubierto, que imágenes aéreas registraban como si nunca hubiese existido.

“Ha desaparecido una ciudad han dejado de figurar en nuestra polis en nuestra república  tan amenazada ya por propósitos humanos pero también pero  tan inconmovible en  nuestro optimismo de dueños del destino y arquitectos del futuro”.

  • Un año después, el Papa Juan Pablo II visitó la zona junto con Betancur, habló de la tragedia y lo declaró campo Santo. Dejando para la posteridad una imagen en la que oró frente a la enorme cruz de cemento que se erigió sobre ese terreno y que quedó grabada en la retina del mundo como la lección que recibió Colombia de una tragedia anunciada.

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