VIDEO | Los rostros detrás del sueño americano en la caravana migrante

Fue la tarde del pasado jueves, cuando algunos representantes del éxodo migrante, acordaron partir de Ciudad Deportiva, debido a que no lograron llegar a ningún acuerdo con representantes de la Oficina en México del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH). Su única petición: el financiamiento de autobuses que los llevaran con bien y diligencia a la frontera norte. Sin embargo, la respuesta no fue concreta. Entre gritos decían haber cumplido su tiempo en la Ciudad de México, “gracias a todo el pueblo mexicano por su ayuda; si quieres pan, te dan pan, si quieres medicinas, te dan medicinas, si quieres fruta te la dan. Pero ya han gastado mucho en nosotros y esto significa un retraso para nosotros”, comentó Eduardo, un migrante hondureño de 50 años que anda en sandalias y porta un par de calcetas desgastadas de tanto caminar.

“Si llegara a los Estados Unidos estaría trabajando, trabajo en construcción. Sabemos que no es fácil porque las leyes de Estados Unidos son mas estrictas que las leyes de México y las de Guatemala porque no nos van a querer dar un pase pero tenemos la fe en Dios, que nos ayudará para poder pasar”, cuenta Eduardo. No viajó sólo en esta caravana, su esposa y uno de sus hijos le acompañan. Dejó un hijo en Honduras, país que abandonó porque no hay trabajo ni dinero. “Mi sueño americano sería trabajar para poder ayudar a mis hijos, a mi familia; no me quedaría en Estados Unidos, regresaría a mi tierra… yo le echo 3 años de trabajar duro y dejarles algo a mis hijos.”

La falta de empleo es una de los principales motivos que orilló a miles a abandonar su país de origen y buscar cumplir el “American Dream”, y nada los detiene, ni las complicaciones del camino ni las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Migrantes de 32, 27, 15, y hasta de 3 años mantienen la esperanza de encontrar una mejor calidad de vida, establecerse y por qué no, regresar a su país, a sus raíces, para reencontrar a quienes dejaron atrás.

José Guadalupe Ramírez un chico de 17 años que vende cigarrillos entre los visitantes, reporteros y sus mismos paisanos, anda entre las casas de campaña tratando de ganar algo de dinero; va cargando un par de pantalones que le fueron donados, y le identifica su cabello desaliñado y una mirada alegre pese a las circunstancias en las que, según cuenta, perdió la pista de varios amigos que le acompañaban desde su país. Originario de Honduras, comentó que el anhelo de todos es estar trabajando; cuando trató de responder sobre lo que le gustaría hacer en Estados Unidos, sonrió como si más que un gusto, se tratara de una responsabilidad y de lo que pudiera encontrar, fue así que pensó en cuál sería su meta en un par de meses; “¡uy hombre!, de gustarme… no, pero como ayudante de albañil sería en lo que estaría trabajando o de ayudante de soldador para tener una mejor vida. Dejé a mi madre, a mis hermanos y a mi papá, a toda mi familia; es el anhelo que tengo, mandarles dinero.”

Como José, muchos migrantes esperan cumplir sus metas en territorio estadounidense, aunque la meta a largo plazo es regresar con sus familias; “ya uno teniendo algo con qué vivir, ¿para qué estar en Estados Unidos? Mejor estar con la familia y gozar lo que uno ha hecho y trabajado. Mi sueño americano es tener una haciendita en Honduras, hacer mi vida con mi familia.”

Por su parte, Juan Manuel Martínez, un joven de 30 años que debido al cansancio, las largas caminatas y el desgaste emocional, aparenta más edad. Entre pláticas y mientras fuma un cigarro, Juan dice que ya le han ofrecido trabajo aquí en México, aunque prefiere no decir quién, asegura que la propuesta es de 13,000 pesos quincenales para trabajar al norte del país . Creció en San Marcos, Guatemala, entre carencias y pagos de renta al crimen organizado, solo por trabajar y vivir, ahora apuesta por quedarse en México; “Quisiera tener una mejor vida, un mejor trabajo, pero a la vez quisiera quedarme en uno de los estados del norte de México. En un mes yo me vería en Coahuila o Monterrey, trabajando… tal vez si me ofrecieran un mejor puesto, me iría a Estados Unidos, es muy difícil pasar de aquel lado, por los militares.”

Juan espera que todo salga bien y en un futuro tener la posibilidad de comprarle una casa a su “nana” en San Marcos; “Es la única que me queda, quiero comprarle su casa que tanto me pide, con el tiempo me va a poder mandar mis papeles con su parentela. Mi  sueño americano, sería mexicano, porque en México se han portado muy bien, nos han tratado como una familia.”