El tren pasa primero

La estación

Pedro Cabrera Quijano (*)

Por segunda vez como presidente electo, Andrés Manuel López Obrador regresa a Mérida. De acuerdo con la agenda, se reunirá este martes 13 con gobernadores del sur sureste para afinar lo que anunció como una de las obras de infraestructura más importantes de su futura administración federal: el Tren Maya.

El 16 de diciembre habrá una consulta directa con los habitantes de las comunidades indígenas por las que pasará y es probable que ese mismo día (o en enero a más tardar) se someta a consulta pública nacional, como ocurrió con el ahora cancelado aeropuerto de Texcoco. Según el plan, tendrá un trazo de 1,500 kilómetros y conectará Chiapas, Quintana Roo, Yucatán y Campeche. Debe concluir en cuatro años y costará entre 120,000 y 150,000 millones de pesos, que vendrán de impuestos al turismo, y recursos provenientes de financiamiento privado.

De acuerdo con el coordinador en Yucatán, Aarón Rosado Castillo, el tramo Campeche-Mérida será el primero en construirse al arrancar el proyecto. Luego se seguirá con el Mérida-Valladolid y al finalizar, a Quintana Roo con destino a Cancún. Hasta el momento sólo se tiene planeado que las estaciones yucatecas se ubiquen en Mérida, Izamal y Valladolid, pero se analizan más opciones en caso de ser requeridas.

El Tren Maya, un “tren moderno, turístico y cultural” busca comunicar los principales centros arqueológicos de la cultura maya en cinco estados del sureste mexicano y así detonar el desarrollo económico de los principales destinos turísticos regionales como Cancún, Tulum, Calakmul, Palenque y Chichen Itzá.

A los retos presupuestarios se le suma el desafío de negociar con las comunidades que serían afectadas a lo largo de sus 1,500 kilómetros de construcción, que incluyen grupos indígenas y ejidatarios. Otra polémica es el tendido de la vía férrea, ya que ambientalistas advierten que la ruta propuesta pasa por algunas zonas de reserva ecológica y que el tendido de las vías y el cruce del tren pueden causar afectaciones ambientales en las selvas de la región.

“Es un trazo muy interesante, de muchos retos, de impacto ambiental porque atraviesa unas zonas selváticas interesantes, pero también supone un reto de infraestructura: hay una serie de ríos, una serie de lagos, de retos de ingeniería”, apunta Eduardo Ramírez Leal, presidente nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción.

Como nos ha informado el Diario de Yucatán, la tercera reunión de gobernadores del sur-sureste para evaluar el proyecto del Tren Maya se realizará en Yucatán a propuesta del gobernador Mauricio Vila Dosal. Se confirmó la visita de los gobernadores de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas; Quintana Roo, Carlos Joaquín González; Chiapas, Manuel Velasco Coello; Tabasco, Arturo Núñez Jiménez, y Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa.

Del gabinete que arranca el próximo 1 de diciembre vendrán los futuros titulares de las secretarías de Comunicaciones y Transportes (SCT), Javier Jiménez Espriú; de Turismo (Sectur), Miguel Torruco Marqués; de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Carlos Manuel Urzúa Macías y de Energía, Norma Rocío Nahle García. Asimismo, los próximos directores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Manuel Bartlett Díaz; del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons; del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), Gabriela Cámara Bargellini y de la Agencia Reguladora de Transporte Ferroviario (ARTF), Alejandro Álvarez Reyes-Retana.

Quizás muchos no lo recuerden, pero el antecedente directo del Tren Maya fue el Expreso Maya que hace una década, sin tanta polémica, recorrió 1,200 kilómetros de Villahermosa a Cancún, pasando por Yucatán, en un tour de siete días y seis noches.

Luego de que Ferrocarriles Nacionales de México quebró, los materiales se vendieron en subasta pública y parte de ellos fueron comprados por la compañía Expreso Maya y restaurados especialmente en Chihuahua. En total, se erogaron 4.5 millones de dólares en la compra de cuatro vagones para 256 pasajeros cada uno, y en su remodelación.

El convoy tuvo cuatro vagones, llamados Chichén Itzá, Tikal, Uxmal y Calakmul, decorados con temas mayas. Tenía ventanas panorámicas, baños ecológicos y todas las medidas de seguridad. En el corazón del tren disfrutamos del club-bar Palenque, inspirado en las frondosas selvas de la región y en la riqueza arqueológica maya. La cafetería Campeche evocó la época cuando los piratas asolaban sus costas, con sus baluartes y murallas, El elegante comedor Mérida recordó en su decoración las antiguas haciendas henequeneras. Para el servicio de los pasajeros se dispuso de 12 personas, entre cocineros, camareros, maître, barman y conductor.

La tracción del convoy estuvo a cargo de una máquina diésel EMD-USA de 900 HP, que por el estado de la vía desarrolló una velocidad media de apenas 20 kilómetros por hora. Más que un recorrido, el viaje fue una forma atractiva de unir el mundo colonial con las ruinas arqueológicas de Campeche, Chiapas, Tabasco y Yucatán.

El recorrido del Expreso Maya fue idea original de una compañía estadounidense que ofrecía paseos por las Barrancas del Cobre pero que después salió del mercado, dejando la infraestructura en manos de un grupo de mexicanos que, en 1999, tras realizar estudios de mercado, decidieron que la Península de Yucatán representaba una buena oportunidad de inversión debido a las vías férreas instaladas y a la llegada de turismo europeo, más inclinado a conocer las zonas arqueológicas y las ciudades coloniales.

“La estación” ha visto pasar muchos anuncios, muchos proyectos ferroviarios, pero como me explicó en una ocasión un directivo de Ferrocarriles Istmo de Tehuantepec, el Tren Maya sólo podrá sobrevivir si es un medio turístico, combinado con el transporte de carga. Es decir, la apuesta no es a los grandes ingresos del ferrocarril, sino el desarrollo socioeconómico de las zonas por donde pasará.

Un ejemplo de lo anterior es el Amtrak, que viaja por todo Estados Unidos y que cada año tiene pérdidas del orden de los mil millones de dólares, pero complementa sus ingresos por pasaje con la derrama que genera su trayectoria. Todo apunta a que la próxima consulta nacional confirmará la ejecución del Tren Maya de modo que abordemos de una vez nuestros asientos porque “¡Se va el tren!”.— Mérida, Yucatán.

pedrocabreraq@hotmail.com

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