¿Cuál ley de financiamiento? Eso es una reforma tributaria

Cuando se pensaba que la peor reforma tributaria de la historia colombiana había sido la de 2016, presentada por Santos, que aumentó el IVA de 16 a 19% y creó nuevos tributos, llega ahora la de Iván Duque, mucho más regresiva. Se trata de un mandatario que, para hacerse elegir, se disfrazó de oposición. Pero cada disposición nueva revela cuán igual es al anterior y cómo ambos representan los mismos intereses, al estilo de la Ocde y la Otan.

A poco de cumplir sus primeros cien días, Duque ha develado las artimañas con las que va a gobernar, desde el nombre del proyecto de ley, al que ha denominado “de financiamiento” siendo otra más de las reformas tributarias a que nos tienen acostumbrados estos últimos gobiernos, hasta la oposición de su propio partido político a algunos puntos, solo para manejar la estrategia del policía bueno y el policía malo.

Encabezando el proyecto, el frente nacional duquista promete devolver el IVA a las familias de menores ingresos, propuesta demagógica que no resiste una revisión someramente profunda. Dicha compensación solo se les hará a familias “que cumplan con los requisitos señalados en el instrumento de focalización adoptado para el efecto por el Gobierno nacional”. Se generan aquí un sinnúmero de interrogantes: ¿cuál será el estándar para definir las familias de menores ingresos? En el Atlántico, ¿será por la línea de pobreza ($274.601) o la línea de pobreza extrema ($123.186)? Dentro de la familia, ¿quién será la persona titular para cobrar la compensación? ¿Cómo se contabilizará el IVA que pagó cada familia para poder compensarlo en su totalidad? ¿Se impondrá el cambio de la costumbre mercantil en los mercados campesinos o estos desaparecerán con la creación de más súper tiendas y almacenes de cadena?

Esto de la devolución me recuerda una frase de mi profesora de derecho tributario cuando estudiamos el recurso de reconsideración ante la Dian: “Si la Dian por error me cobra más de lo debido, prefiero donárselo al Estado que pedir devolución, termina uno debiéndole hasta lo que no tiene”. Aunque suene jocoso, este pensamiento genera un sinsabor por la inoperancia del gobierno cuando es el que ha de meter la mano al dril.

Otra novedad que trae el proyecto es que la tarifa del IVA disminuirá del 19% al 17%, aun cuando en 2021 aumentará nuevamente a 18%. El gobierno pretende mostrarlo como una real disminución porcentual. Pero cómo tanta belleza no puede ser cierta, espera aumentar su recaudo por este concepto en 19 billones de pesos anuales. ¿Cómo? Gravando la canasta familiar, acortando la lista de los productos exentos y generando que las ventas y la capacidad adquisitiva de los consumidores sean menores. El hambre y la escasez aumentarán en la mesa de los hogares colombianos, que tendremos que dejar de usar recursos para surtir la nevera y dirigirlos al fisco nacional.

Este afán de recaudo, que golpea sin piedad el bolsillo de los colombianos de clase media y baja era previsible. La corrupción, las exenciones tributarias al gran capital, de preferencia al extranjero, la entrada a la Ocde y el pago de deuda externa rasparon la olla, como se dice coloquialmente. Pero ¿acaso vamos a seguir permitiendo que nos expriman gobierno tras gobierno sin encontrar un solo corrupto encarcelado por evasor de impuestos y que nuestro propio ministro de Hacienda, impulsor de esta reforma, se enriquezca con sus empresas en paraísos fiscales dedicadas a la usura con dineros públicos?

Aterrizando la discusión a un plano local, me permito dejar el siguiente interrogante: entre impuestos, tasas y contribuciones, Barranquilla cuenta con un listado que supera los 16 tributos de carácter local. El grado de asfixia tributaria de una persona que habita esta ciudad es de dimensiones enormes. Son muchas las variables que han golpeado la economía de la ciudad, como el gran asentamiento de migrantes, la desaceleración industrial y el aumento porcentual de impuestos como predial e industria y comercio. Con este tipo de reformas tributarias, ¿cómo se podría conseguir la disminución de la brecha de desigualdad social y empresarial que hoy tiene un promedio 0,508 (de acuerdo con el Indicador Gini)?

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